El viento, la humedad, la precipitación, la temperatura ambiente y la presión atmosférica influyen en el rendimiento fotovoltaico de diferentes maneras y, en ocasiones, en sentidos opuestos. La velocidad y la dirección del viento, medidas con un anemómetro ultrasónico de dos ejes, ayudan a evaluar la refrigeración de los módulos, la seguridad de los seguidores y el riesgo eólico específico del emplazamiento. La medición de la precipitación mediante pluviómetros proporciona contexto sobre los efectos de la limpieza, los cambios en la suciedad, las nevadas y los fenómenos meteorológicos potencialmente dañinos.
La temperatura ambiente y la humedad relativa, medidas con sensores instalados en una pantalla de protección, respaldan la interpretación de la temperatura de los módulos, el rocío, la escarcha y la condensación. La medición opcional de la presión barométrica puede aportar contexto adicional sobre las condiciones atmosféricas cambiantes. Para las instalaciones de Clase A según la IEC 61724-1, deben mitigarse los efectos del rocío y la escarcha sobre los sensores de irradiancia cuando se prevea que se produzcan durante más del 2% de las horas anuales de GHI.
Por último, los detectores de tormentas y de rayos proporcionan información en tiempo real sobre la actividad eléctrica que se aproxima, respaldando las acciones preventivas, la seguridad del personal y el análisis posterior a los eventos. Combinadas con los sistemas de adquisición de datos de Senseca, estas mediciones ofrecen una imagen completa y alineada con la IEC de las condiciones ambientales que afectan al rendimiento, la operación y la seguridad de la planta.