Allí donde una máquina tiene componentes móviles, la lubricación está presente. A diferencia de los circuitos de refrigeración, cuyo objetivo es la disipación de calor, la monitorización de la lubricación se centra en garantizar que llegue suficiente medio a los puntos donde se produce fricción: cojinetes, engranajes, correderas y husillos. El medio en sí también es diferente: los aceites lubricantes presentan una viscosidad considerablemente mayor que el agua o el refrigerante, y esa viscosidad no es constante. Cuando la temperatura del aceite aumenta, la viscosidad disminuye; cuando disminuye, la viscosidad aumenta. La relación entre temperatura y viscosidad es fundamental para comprender si un circuito de lubricación está funcionando correctamente.
En aplicaciones industriales, mantener la temperatura del aceite dentro de un rango definido es una práctica habitual, pero el control de temperatura por sí solo no ofrece una visión completa. El estado del aceite cambia con el tiempo, y saber cuándo cambiarlo es una decisión tanto técnica como económica. Los cambios de aceite en máquinas industriales de gran tamaño pueden costar decenas de miles de euros, lo que hace que los cambios prematuros resulten un despilfarro y los cambios tardíos puedan resultar perjudiciales. Tanto los fabricantes de máquinas como los operadores de planta necesitan instrumentación que monitorice el caudal de lubricante de forma fiable, tenga en cuenta el comportamiento de los medios viscosos y respalde decisiones de mantenimiento fundamentadas.