Los parques eólicos son la aplicación más destacada de la monitorización de ruido ambiental en el ámbito de la energía renovable, dada su proximidad a zonas residenciales y la influencia directa de la velocidad del viento, la dirección y la carga de las turbinas sobre la emisión acústica. Además de la eólica, instalaciones como las centrales hidroeléctricas, las plantas de biogás y biomasa, las instalaciones geotérmicas y los grandes emplazamientos fotovoltaicos generan ruido procedente de turbinas, generadores, transformadores, bombas, sistemas de refrigeración y equipos auxiliares; todo lo cual puede afectar a las comunidades cercanas y a los ecosistemas sensibles.
La evaluación del ruido ambiental abarca la medición del nivel de presión sonora antes, durante y después del funcionamiento de la planta, aportando datos objetivos para cuantificar el impacto acústico. La monitorización continua respalda la verificación del cumplimiento de la normativa medioambiental, sustenta las evaluaciones de impacto ambiental (EIA), aporta pruebas para la investigación de reclamaciones e informa las decisiones operativas destinadas a reducir las emisiones acústicas. Entre los usuarios habituales se encuentran los ingenieros medioambientales, los operadores de plantas, los consultores acústicos y los organismos reguladores.